De cómo nuestra princesa se pierde. Edel Juárez




De cómo nuestra princesa se pierde y el valiente caballero viaja por álgidas regiones para encontrarla. Demostraremos también que la escasez de sueños de la princesa es simplemente un error de traducción.

Atardecía y ya nuestros sueños se buscaban. Había que esperar la noche, había que esperar a las camas vacías y lejanas. Tus pies aún calzados buscaban mis piernas aún vestidas. Todo se preparaba para dormir, y la noche que no se decidía a llegar y relevar al día.

Por fin la noche nos acercó, y tu respiración le dio la pauta a la mía. Te supe con alas, en un bosque de hadas y salí a tu encuentro… tarde llegué, tu habías partido a buscarme, temiendo por mí, me protegerías.

El sueño cambió, tú eras ahora la estrella que yo arañaba con mis ramas, casi te tuve, el viento movía toda mi copa, se tambaleaban los nidos, las ardillas corrían y tú, mi estrella querida, decidiste caer y recibir el día.

Te busqué en todas partes, pregunté a cada piedra por tu paradero, hasta que hubo una que me confió tu escondite: eras el agua que daba vida a la aldea vecina. Corrí y corrí, y supe que bebiendo con toda mi sed al fin serías mía. No pude quitarle la vida a esa gente, instalé mi tienda al margen, disculparás mi osadía. Toda la noche te supe pasando a mi lado, tu piel en mi piel y en cada brillo tu media sonrisa.

Amanecí sólo, pero supe que para siempre habitaría en tu orilla.

Edel Juárez
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